Camilo Ortiz contaba con un edificio en Bogotá que se encontraba desocupado, sin rentabilidad y sin generación de flujo de caja. Además, no disponía de liquidez para apalancar una negociación que le permitiera mejorar su situación. A través de la gestión de El Punto de la Permuta, se identificó una oportunidad de permuta mano a mano por una propiedad en Santander, alineada con sus objetivos de inversión. Como resultado, Camilo logró transformar un activo improductivo en una propiedad con mayor proyección y mejores oportunidades de rentabilidad, optimizando así su portafolio inmobiliario.
